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El ingeniero de playa

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Somos NN
3 feb 2021
3 min de lectura

Actualizado: 29 jun 2021

Autora: Nathalia Galeano Builes




Nunca se imaginó Diego Marín, profesor de educación física de la Escuela Normal Superior La Hacienda, que por sus canchas pasaría uno de los mejores voleibolistas de playa de Colombia.


En el 2005 el joven tuvo que tomar la decisión más importante, y que determinaría el resto de su vida, elegir un deporte o irse por las artes. Escogió el voleibol y quizás fue el dictamen más acertado que ha hecho en toda su vida.


De un metro noventa de estatura, tez morena y cabello negro es Jorge Manjarrés, jugador de la Selección Colombia de vóley-playa. Barranquillero e ingeniero de materiales de la Universidad de Antioquia y quien también tiene su propio club.


Cuando estaba cursando once fue llamado a la Selección Atlántico de voleibol. Allí mostró sus habilidades y se le abrió la oportunidad de estudiar. El entrenador del equipo de la Universidad de Antioquia le ofreció una beca para ir a Medellín a representar el alma mater. A Majarrés le pareció una gran oportunidad, presentó el examen de admisión y pasó.


Le costó mucho dejar su familia “la primera vez que me fui de la casa fue una chillada con mi madre. Duramos como media hora despidiéndonos”. Llegó a Medellín a la casa de su mejor amigo de Barranquilla, que también había venido a estudiar. Sin embargo, el primer semestre fue un desastre. De las seis materias que matriculó perdió dos y canceló cuatro. Los malos resultados le hicieron perder la beca.


Para el siguiente semestre llegó con más determinación y afrontó el reto de manera diferente. Recordando las enseñanzas de su entrenador del colegio “primero el estudio y luego el deporte”, matriculó las materias de nuevo y le puso más empeño. En ese semestre ganó todas las asignaturas, entrenó duro y recuperó la beca.


En los siete años que demoró en terminar la carrera siempre representó a Antioquia con la Selección. Su carrera comenzó en el voleibol sobre piso, pero los dolores de rodilla lo hicieron migrar, hace cuatro años, a las canchas de arena.


En 2013, cuando comenzó con playa, hizo dupla con Johan Murray y fue el inicio de un largo recorrido juntos. En un principio, ambos integraron la Selección Antioquia y por esto los llamaron para la Colombia, para que iniciaran el ciclo olímpico. Superaron las dos primeras etapas y los circuitos suramericanos, pero en la final las parejas chilenas y argentinas los superaron por mucho.


No clasificar a los Juegos Olímpicos de Río 2016 no les quitó la motivación de seguir intentándolo. Pese a que hoy la Liga de Voleibol de Playa no apoya a la dupla en nada, incluso suspendió la participación de Antioquia en campeonatos departamentales, ellos siguen preparándose, por sus propios medios, para ir a Tokio 2020.


Además del proyecto olímpico, los dos amigos crearon su propio club de vóley-playa, Panteras. La idea surgió en la cena de una concentración como tema de charla, pero pasados unos días, estando en la cancha del estadio, se lo tomaron con más seriedad, concretaron los detalles y comenzaron a buscar socios. Juan Ospina, otro amigo aficionado al deporte, fue el primero en creer en el club, puso el capital inicial y Panteras empezó a marchar.


Lo primero fue constituirse como club legalmente. Sacaron el RUT y redactaron los estamentos del club. Una vez fueron legítimamente Panteras buscaron algunos amigos de la Liga para que les ayudaran a conseguir las canchas y así poder entrenar. Ahora tienen espacio en el Complejo Deportivo Atanasio Girardot, en Belén Rincón y la Universidad Nacional.


El club inició con diez jugadores que no pagaban por entrenar y en cuestión de tres meses se fueron sumando hasta llegar a cuarenta. Cada uno paga una mensualidad de cincuenta mil pesos y reciben el beneficio de ser entrenados por dos de los mejores voleibolistas de playa del país.


Este nuevo cambio de faceta, de jugador a entrenador, se ha convertido en un reto para Jorge “es difícil no poder hacer las cosas uno mismo. Pero uno se acostumbra y se llena de alegría transmitiendo todo lo que uno sabe”.


Por ahora, Manjarrés dedica tiempo completo al vóley-playa. En la mañana practica de 10 a 1 y por la noche entrena a sus deportistas de 6 a 8. Sin embargo, no deja de pensar en volver a trabajar en su ingeniería y volver al equilibrio en su vida.


32 años es la edad que tiene presupuestada, Jorge Manjarrés, para su retirada, pero desde que sus rodillas respondan va a seguir jugando sobre la arena.

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